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Cuánto dura una prueba de maquillaje de novia y cómo aprovecharla
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Entre hora y media y dos horas y media, según si en la misma cita vemos también el peinado. Te doy la respuesta corta primero porque es lo que necesitas para cuadrar la agenda. La larga es más útil: una prueba no es «probarse un maquillaje», es la única vez antes de la boda en la que tu piel, tu vestido, tu luz y yo estamos en la misma habitación. Si la aprovechas, el día de la boda yo trabajo con un plan y tú no te llevas sorpresas.
En qué se va ese tiempo
Casi nunca es todo maquillar. El desglose realista de una prueba completa es este:
- Hablar: quince o veinte minutos. Tu vestido, la hora de la ceremonia, dónde te casas, qué te has hecho antes en la cara y, sobre todo, qué no soportas verte puesto.
- Preparar la piel: diez minutos. Limpieza, hidratación y prebase. Aquí se decide media duración del maquillaje.
- El maquillaje: de cuarenta y cinco minutos a una hora.
- Ajustar: quince o veinte minutos. Subir un ojo, cambiar el labio, quitar colorete. Es la parte que más vale y la que más gente se salta por prisa.
- Fotos y notas: diez minutos. Yo apunto todo lo que he usado y en qué orden. Si no lo apunto, no lo puedo repetir igual dentro de tres meses.
Si además vemos el peinado, suma entre cuarenta y cinco minutos y una hora larga, y bastante más si tu pelo es muy largo o muy espeso. Por eso una prueba de maquillaje y peinado juntos se va con tranquilidad a dos horas y media. No la metas entre dos recados ni justo antes de una comida familiar.
Cuándo hacerla
Entre dos y tres meses antes de la boda. Antes no tiene mucho sentido: lo más probable es que aún estés decidiendo el vestido o el color del pelo, y el maquillaje se elige contra esas dos cosas. La semana anterior, en cambio, es tarde: si algo no te convence ya no queda margen para volver a verlo con calma.
Dos avisos de calendario que se olvidan siempre. Si tienes pensado hacerte un tratamiento facial más serio que una limpieza —peelings, láser, cualquier cosa que descame—, deja tres o cuatro semanas entre eso y la boda, y no lo estrenes nunca en el mes previo. Y si te tiñes, ven a la prueba con el color con el que te vas a casar, o al menos con la referencia clara: un rubio frío y un castaño no piden el mismo maquillaje.
Ve con la piel limpia. De verdad
Es lo que más repito y lo que más se incumple. Sin base, sin corrector, sin colorete. Tu crema de siempre sí, póntela: quiero ver cómo se comporta tu piel con lo que usas a diario.
Hay dos razones. La primera es de tiempo: si vienes maquillada se nos van veinte minutos en desmaquillarte y tu piel llega irritada, así que trabajo sobre una piel que no es la que me encontraré el día de la boda. La segunda pesa más: no puedo elegir tu tono si tengo delante el tono de otra base. Con la cara lavada veo tu subtono real, dónde tienes rojeces, dónde se te marca la sequedad y cuánto brillas tú sola a las dos horas. Ese dato vale más que veinte fotos de referencia.
Qué llevar
- Fotos de lo que te gusta y de lo que no. Las segundas me sirven más. Un «esto no, me veo mayor» me dice muchísimo.
- Una foto de tu vestido, aunque sea de la tienda. Necesito ver el escote y, sobre todo, el blanco: un blanco óptico y un blanco roto no piden la misma piel al lado.
- El velo o el tocado si ya los tienes, y los pendientes si están elegidos.
- Ropa que se quite sin pasar por la cabeza. Una camisa abierta o algo con cremallera delante.
- Tus alergias e intolerancias y el nombre de lo que te pones en la cara, sobre todo si estás usando retinoides o algo pautado por tu dermatóloga.
- La hora y el sitio de la ceremonia. No es un detalle de conversación: no se prepara igual una piel para las doce del mediodía en un patio de Jerez que para un atardecer con levante en Conil.
Qué preguntar
Pregunta sin cortarte, que para eso estamos las dos ahí. Lo que a mí me gustaría que me preguntaras:
- Cuánto tiempo hace falta el día de la boda y a qué hora habría que empezar.
- Qué hago yo con las cejas y con el vello facial, y cuántos días antes.
- Qué me llevo en el bolso para retocar y cómo se usa, porque no es lo mismo empolvarse que secar el brillo.
- Qué pasa si lloro, si aprieta el calor o si hay viento.
- Si va a haber un cambio de look para la fiesta y qué implica en tiempo.
- Si vamos a maquillar también a tu madre, a la madrina o a tus amigas, porque eso cambia el horario entero de la mañana.
La prueba no termina cuando sales por la puerta
El espejo con luz de tocador miente un poco: ahí todo se ve mejor. Haz esto después.
- Sal a la calle y mírate con luz de día, que es la luz con la que te vas a casar.
- Hazte fotos con el móvil, con flash y sin flash, de frente y de perfil. La cámara ve cosas que el espejo esconde.
- Aguanta el maquillaje puesto seis u ocho horas y vuelve a mirarte. Ahí sabrás cómo se porta tu piel, que es el dato que importa.
- Escríbeme con concreción. «Más ojo», «el labio menos rosa», «el colorete me sube demasiado». Un «no sé, algo no me convence» no lo puedo corregir.
Y no te obligues a que te encante en el primer minuto. Es normal verte rara: llevas años viéndote de otra manera. Date una hora antes de opinar.
¿Una prueba o dos?
Con una suele bastar cuando va bien encaminada y solo hay que afinar detalles que yo apunto y reproduzco. Una segunda tiene sentido si en la primera cambiamos de rumbo entero, si por el camino has cambiado de vestido o de color de pelo, o si te quedaste con una duda concreta que sabemos nombrar. Lo que no recomiendo es repetir por inseguridad general: se llega a la boda con más dudas, no con menos.
Si te casas en Cádiz o en la provincia y quieres que veamos tu prueba con calma, escríbeme y lo organizamos.