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Maquillaje de novia que aguanta el calor y la humedad de una boda de verano en Cádiz

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En Cádiz el problema no es el termómetro, es la humedad. Julio y agosto se quedan de media en torno a los veinticinco grados en la capital, que al lado de Sevilla o Écija casi parece un regalo, pero la humedad relativa media anda por el sesenta y ocho y el setenta por ciento. Eso quiere decir que tu maquillaje no se derrite de calor: se afloja porque la piel no consigue evaporar el sudor y todo lo que lleva encima se queda flotando. Con eso hay que contar desde la prebase, no desde los retoques.

La costa y el interior no son la misma boda

No preparo igual una piel para una boda en La Barrosa que para una hacienda de Jerez el mismo fin de semana. Jerez, Arcos y el interior de la provincia dan más grados y menos humedad: ahí el enemigo es el calor seco, la deshidratación y que la base se agarre a las zonas escamadas. En la capital, en El Puerto, en San Fernando, en Conil o en Rota manda la humedad, y con ella el salitre: la base se afloja, el polvo se apelmaza y los ojos son lo primero que falla. Dime dónde te casas y sabré contra qué estoy trabajando.

El aguante empieza tres semanas antes

Una piel deshidratada produce más grasa y suelta antes el maquillaje. Así que el trabajo de verdad empieza en casa, y empieza pronto:

  • Hidrata a diario y no solo la cara: cuello y escote también salen en las fotos y son lo primero que se pone rojo al sol.
  • Exfolia con suavidad y espaciado, nunca en la semana de la boda. Una piel irritada no admite base.
  • No estrenes nada el mes anterior. Ni cremas, ni sérums, ni la mascarilla que le fue de maravilla a tu prima.
  • Cuidado con el sol de los días previos. Aquí es muy fácil llegar con la cara dos tonos más oscura que el escote, o con la marca del tirante del bañador. Eso no se corrige con maquillaje sin que se note.

Esa mañana: menos crema de la que crees

Una hidratante ligera, sin aceites pesados, y esperar. Cinco o diez minutos de verdad, hasta que la piel la haya absorbido. Maquillar sobre una crema que todavía está húmeda es la forma más rápida de que a las tres horas se te vaya la base de las aletas de la nariz.

Después la prebase, y aquí va mi consejo menos glamuroso: no uses una sola para toda la cara. Una matificante en la zona T, donde brillas, y una hidratante o de agarre en las mejillas y donde tengas la piel más seca. Ponerte una matificante entera te va a dejar tirante y con el rostro apagado en foto, que es justo lo contrario de lo que queremos. Y no mezcles a lo loco fórmulas incompatibles: una prebase con mucha silicona debajo de una base al agua puede hacer que todo se corte en bolitas a la hora.

Capas finas ganan siempre

Con humedad, una base espesa se mezcla con el sudor y pierde el dibujo: se aclara, se mueve y deja parches. Prefiero una base fluida en capas muy finas, construyendo cobertura solo donde hace falta —rojeces, ojeras, alguna marca— y dejando el resto casi desnudo. Se ve mejor en persona, se ve muchísimo mejor en foto y aguanta el triple.

Los productos en crema, que en invierno son maravillosos, con humedad alta hay que dosificarlos: un colorete en crema muy generoso es un producto que a las cuatro horas ha migrado. Lo uso, pero fino y sellado. Y el corrector, siempre poco: el que se acumula en el pliegue del ojo es el que se cuartea en las fotos de la ceremonia.

Fijar sin acartonar

Fijar no es empolvar la cara entera. Empolvar entera es lo que hace que a las seis horas parezcas de cartón y que el flash te devuelva una máscara.

  1. Un spray fijador antes del polvo, dejando que se seque.
  2. Polvo translúcido solo donde brillas de verdad: zona T, laterales de la nariz, debajo del ojo. Con brocha pequeña y poca cantidad.
  3. Otro velo de fijador al final, para fundirlo todo y quitar el efecto polvoriento.

Ese sándwich es lo que aguanta un bochorno gaditano. Y en la zona de los ojos y en la máscara de pestañas, resistente al agua sin discusión: entre el calor, la emoción y el aire salado, es la zona que más se pone a prueba.

Ojos y labios, que son los que fallan

En los ojos, prebase de párpado siempre —si sudas, la sombra se acumula en el pliegue en una hora— y delineado que no se corra, mejor en gel o waterproof que en lápiz blando. En labios, un mate de larga duración sobre el labio bien hidratado la noche anterior. Los brillos y los glosses son preciosos hasta que sopla aire: se te pega el pelo a la boca en todas las fotos de la ceremonia y no hay forma elegante de despegarlo.

El kit de retoques que sí sirve

Casi todo el mundo se lleva polvos y es justo el error. El polvo sobre el sudor hace pasta. El orden correcto es secar primero, retocar después:

  • Papeles matificantes o un pañuelo sin perfume: presionar, nunca frotar.
  • Solo entonces, un toque mínimo de polvo si hace falta.
  • La barra de labios y un bastoncillo para limpiar el contorno.
  • Un bruma fijadora pequeña y una toallita para las manos.

Y un aviso: no te retoques en el coche con el aire dándote en la cara ni con la ventanilla bajada. Busca un baño, dos minutos y luz decente.

Lo que le pido a la habitación

Que no sea la más pequeña y caldeada de la casa. Necesito aire —un ventilador vale, pero apuntando a la habitación y no a la cara de la novia—, y necesito que no se estén planchando cinco melenas a la vez en dos metros cuadrados. Si te maquillas con treinta y dos grados dentro, la piel empieza el día ya sudando y ningún fijador arregla eso.

Si te casas en verano en la provincia de Cádiz y quieres que lo planifiquemos según el sitio y la hora, escríbeme y lo vemos.